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viernes, 28 de noviembre de 2008

EL MENÚ DE LA MADRE NATURALEZA

DIETA Y NUTRICIÓN

EL MENÚ DE LA MADRE NATURALEZA

Al formular unos principios dietéticos personales, conviene determinar antes a cuál de los siguientes tipos metabólicos básicos se pertenece: al vegetariano, al carnívoro o al equilibrado. Los tipos vegetariano y carnívoro engloban aproximadamente un 25 por ciento de la población cada uno, mientras que el 50 por ciento restante corresponde a la categoría equilibrada. Estos tipos metabólicos humanos proceden de la prehistoria, de la época en que algunos segmentos de la especie humana pasaron de una dieta a base de frutas y nueces a una dieta de carne.
Los metabolismos vegetarianos son de «oxidación lenta», lo cual quiere decir que queman lentamente los azúcares e hidratos de carbono. Puesto que el cuerpo humano necesita quemar azúcares a fin de obtener la energía suficiente para digerir las carnes y las grasas, a los individuos de oxidación lenta les cuesta quemar azúcar lo bastante de prisa para digerir eficazmente grandes cantidades de carne, huevos, pescado y otras proteínas animales concentradas. Por lo tanto, las grandes dosis de alimentos proteínicos hacen que los individuos del tipo vegetariano se sientan torpes y cansados después de comer. Un modo fácil de averiguar a qué tipo metabólico pertenece cada uno consiste en comerse un gran bistec o un pollo entero y ver qué tal se siente uno luego. Si queda usted «aplastado», mentalmente deprimido y letárgico, es probable que tienda hacia un metabolismo de oxidación lenta, tipo vegetariano, en cuyo caso debería limitar su consumo de proteínas y grasas animales y atenerse a una dieta a base de frutas, verduras e hidratos de carbono. Si tras ingerir una gran cantidad de proteínas animales concentradas se encuentra usted rebosante de fuerzas, vital y mentalmente despejado, es probable que tienda hacia un metabolismo carnívoro de oxidación rápida.
Dado que los metabolismos carnívoros queman los azúcares e hidratos de carbono con gran rapidez, el consumo inmoderado de azúcar o féculas tiende a volverlos excesivamente nerviosos y agitados, debido a la sobre estimulación del sistema nervioso. Los individuos de este tipo obtienen la energía digiriendo grandes cantidades de grasas y proteínas animales, que pasan al hígado para ser convertidas en glucógeno. A continuación, el hígado envía el glucógeno a la corriente sanguínea en forma de glucosa -el único combustible que el cuerpo es capaz de quemar- en dosis medidas y graduales, según las necesidades. Por eso los metabolismos de oxidación rápida necesitan un suministro regular de grasas y proteínas y deben restringir su consumo de azúcares y féculas.
Por fortuna, la mayoría de nosotros posee un metabolismo equilibrado capaz de admitir ambas clases de comida cuando están correctamente combinadas. Aunque nuestro canal digestivo fue originalmente diseñado por la naturaleza para una dieta de frutas y verduras, nuestro sistema digestivo ha evolucionado y es capaz de producir los jugos gástricos necesarios para digerir la carne que pasó a formar parte de la dieta humana hace 50.000 o 100.000 años. Si grandes cantidades de proteínas
animales no le dejan agotado, y si grandes dosis de azúcares y féculas no le hacen sentir nervioso, es probable que tenga usted un metabolismo equilibrado que sólo debe preocuparse de elegir alimentos saludables de ambas categorías y de combinarlos correctamente. En el Tao de la alimentación, empero, éstos constituyen únicamente los primeros pasos para la regulación de la dieta. La temporada y el clima, por ejemplo, también son factores a tener en cuenta, para equilibrar el extremado frío exterior del invierno con el calor interior de los alimentos Yang, mientras que el calor del verano se compensa mediante alimentos Yin refrescantes, los climas secos con alimentos «húmedos», etc. El consumo de alimentos que no estén en armonía con el clima y la estación puede dar lugar a toda clase de problemas, tales como erupciones cutáneas, estreñimiento, gases, fatiga y halitosis.
Los taoístas tienden a elegir los productos locales, porque es mucho más probable que sean frescos y rebosen con la vitalidad de su propio Qi. Hoy en día, la moderna industria alimentaria y los transportes de alta velocidad permiten comer naranjas de Florida en Alaska, gambas congeladas en mitad del desierto y todo tipo de «comida basura» procesada y envasada en cualquier lugar del planeta, a cualquier hora del día o de la noche. En consecuencia, las dietas modernas están completamente desacompasadas con las condiciones naturales de geografía, estación y las fuerzas cósmicas invisibles.
Los taoístas también procuran ingerir alimentos que presenten una afinidad natural con sus órganos más débiles y con los correspondientes sistemas de energía. Los regímenes taoístas tratan de fortalecer los cuatro principales aparatos del organismo: el digestivo, el excretor, el respiratorio y el circulatorio.
Cuando estos cuatro sistemas funcionales están correctamente alimentados, armonizados y sanos, la salud y la vitalidad de todo el organismo están garantizadas.
Uno de los principales objetivos de las dietas taoístas es el de aumentar la potencia sexual mediante la estimulación de las glándulas sexuales y el fortalecimiento de los órganos sexuales. El fin último no es el de incrementar el placer sexual -aunque ello represente un indudable beneficio adicional- sino más bien el de aumentar las reservas de hormonas, semen y otras formas de «esencia vital» necesarias para optimizar la vitalidad y la resistencia a las enfermedades. La esencia sexual constituye nuestra mayor fuente interna de Qi, y la potencia sexual es un importante indicador de una buena salud.
Puesto que la carne suele entrar en gran cantidad en las dietas occidentales, no estarán de más unas cuantas indicaciones taoístas respecto al consumo de la misma. El gran médico Sun Ssu-mo, de la época Tang, y otros dietistas taoístas han advertido siempre contra los efectos nocivos que a la larga conlleva el comer grandes cantidades de carne de animales domésticos, como el buey y el cerdo. La única carne doméstica que consideraban saludable e inofensiva para el organismo humano era la de perro, y eso únicamente por su poderoso efecto calorífico durante el intenso frío de mediados del invierno. El motivo de que los animales domésticos sean tan poco recomendables para el consumo humo radica en que sus propias dietas se componen principalmente de sobras de cocina, basura y paja seca. En la actualidad, la situación es aún peor, debido a todas las hormonas sintéticas, antibióticos y demás drogas que se añaden rutinariamente al pienso del ganado.
Los taoístas han recomendado siempre la caza silvestre como el tipo de carne más beneficioso para el consumo humano. El venado es especialmente bueno, sobre todo porque los ciervos se alimentan de toda clase de hojas, bayas, cortezas, nueces silvestres y otros vegetales que entran en la farmacopea china por sus propiedades curativas. Los beneficios de la dieta de un ciervo salvaje se transmiten naturalmente a quien ingiere su carne, del mismo modo que todos los productos químicos y medicamentos que hoy en día se inyectan al ganado pasan también a su propio organismo cuando consume usted una hamburguesa o un pollo frito.
Hay que tener en cuenta, no obstante, que incluso la más fresca carne de caza silvestre proporciona muy escasos beneficios nutritivos cuando se la cuece «a muerte». Cualquier carne apta para el consumo humano debería ser comida lo menos cocida posible, a poder ser cruda o, al menos, parcialmente cruda.
El steak tartare y el carpaccio son buenos ejemplos de platos de carne cruda, deliciosos y al mismo tiempo rebosantes de sus propias enzimas naturales. El sashimi japonés (pescado crudo) es todavía mejor; en realidad, el sashimi es probablemente la fuente de proteínas animales más nutritiva, rica en enzimas y naturalmente digerible de todo el menú de la Madre Naturaleza, hecho que se refleja en la longevidad del pueblo japonés. Los taoístas recomiendan siempre el pescado procedente de ríos y mares antes que el pescado doméstico criado en piscifactorías a base de «comida para peces».
El mismo principio se aplica también al pollo. Aún hoy, los médicos chinos siguen recomendando a sus pacientes que consuman únicamente pollos tu ji («pollos de tierra») y eviten los yang ji («pollos cultivados »). Los pollos de tierra son aquellos que vagan libremente por campos y bosques buscándose ellos mismos la comida, en vez de alimentarse con las dietas artificiales y desnaturalizadas de las granjas avícolas.
Para evitar la putrefacción, facilitar la digestión y favorecer una rápida eliminación de los desechos, todas las comidas cuyo principal componente sean las carnes cocidas deberían complementarse con una dosis de enzimas proteolíticas activas, que hoy en día se encuentran fácilmente en los establecimientos de comida naturista y de régimen.
Para favorecer los principios digestivos naturales, en vez de entorpecerlos, basta con observar las siguientes indicaciones dietéticas básicas:
• Coma con moderación y disfrutará de una vida larga y saludable. La medida taoísta básica consiste en comer hasta sentirse lleno en un 70 u 80 por ciento. La Madre Naturaleza castiga invariablemente a los glotones con toda suerte de desgracias. El cuerpo humano es sencilla- mente incapaz de aprovechar las enormes cantidades y complejas combinaciones de comida con que el hombre civilizado y sedentario tiende a atiborrarse cada día.
• Mastique bien la comida antes de ingerirla. Esto se aplica sobre todo a los hidratos de carbono, que necesitan ser previamente digeridos por la ptialina, una enzima alcalina que se encuentra en la saliva. El consejo de Gandhi a este respecto tiene ecos de sabiduría taoísta: «Bebe tu comida y mastica tus bebidas», lo cual quiere decir que los alimentos sólidos deben masticarse hasta que adquieran una consistencia líquida antes de ser tragados, mientras que los líquidos deben ser ingeridos tan lentamente como los alimentos sólidos.
• Evite los alimentos y bebidas cuya temperatura sea extremadamente fría o caliente. Una sopa excesivamente caliente, por ejemplo, irrita la delicada mucosa del paladar y del esófago, lo cual perjudica la salivación y la peristalsis. Uno de los peores crímenes digestivos es el de beber durante las comidas agua con hielo u otros líquidos helados. Tales bebidas frías, al llegar a un estómago lleno de comida, provocan el cierre por contracción de los minúsculos conductos que secretan los jugos gástricos, con lo que interrumpen la digestión y desencadenan la putrefacción y la fermentación del bolo alimenticio. Cuando la temperatura del estómago se normaliza de nuevo, ya es demasiado tarde para iniciar una digestión correcta. De hecho, cualquier bebida que se ingiera en grandes cantidades junto con la comida diluye los jugos gástricos y dificulta la digestión.
El vino y la cerveza, empero, constituyen excepciones a esta regla, porque son bebidas fermentadas (es decir, predigeridas) que, al ser tomadas en cantidad moderada, contribuyen a facilitar la digestión.
Incluso la Biblia aconseja «tomar un poco de vino por el bien del estómago».


Recuerden:
“La primera riqueza es la salud”. (Ralph Waldo Emerson)
“La mejor medicina es un ánimo gozoso”. (Salomón)
“Que tu alimento sea tu única medicina”. (Hipócrates)
“Lo más importante de la curación consiste en querer ser curado”. (Séneca)“La libertad y la salud se asemejan: su verdadero valor se conoce cuando nos faltan”. (Henri Becque)
Escríbenos:
exisalud@gmail.com

jueves, 27 de noviembre de 2008

LA DEGENERACIÓN DIETÉTICA HUMANA

DIETA Y NUTRICIÓN

LA DEGENERACIÓN DIETÉTICA HUMANA


El hombre moderno se enorgullece de su «evolución» desde hombre de las cavernas a viajero del espacio, y contempla desdeñosamente su pasado primitivo. En lo que atañe a la dieta, empero, la especie humana ha experimentado una marcada «des-evolución» o degeneración de sus hábitos alimentarios, una degeneración instigada por el tan cacareado advenimiento de la civilización, acontecimiento que ha creado una separación permanente entre el hombre y la naturaleza.
Durante millones de años, antes de la minúscula gota en el océano del tiempo que denominamos «historia», los humanos y otros primates se nutrían exclusivamente a base de alimentos burdos y fibrosos que tomaban de la naturaleza y consumían crudos. En todo el reino de la naturaleza, los animales que se sustentan con dietas que contienen una elevada proporción de masa fibrosa indigerible y baja concentración de proteínas han desarrollado canales digestivos relativamente largos, en tanto que los carnívoros, como tigres y leones, poseen un canal digestivo corto. El aparato digestivo humano, que se extiende entre la boca y el ano a lo largo de más de 12 sinuosos metros, es uno de los más largos que existen en relación al peso corporal.
La degeneración dietética humana empeoró considerablemente cuando el hombre se convirtió en cazador de animales y adoptó la carne como alimento principal. Esto sucedió principalmente en el hemisferio norte, donde la carne era la única fuente de alimentación asequible en invierno. Las poblaciones humanas que se pasaron a la carne desarrollaron jugos digestivos y metabolismos capaces de extraer nutrientes de las grasas y proteínas animales, aunque sus canales digestivos permanecieron fijados para siempre en el molde vegetariano. Este cambio evolutivo dio origen a los dos tipos básicos de metabolismo humano que existen hoy; uno preparado para una voluminosa dieta de frutas y verduras frescas, el otro para una dieta de carne desprovista de fibras.
El comienzo de la agricultura marcó el último paso en la degeneración dietética del ser humano. Cuando los cereales se convirtieron en la base de su alimentación, se introdujo un elemento nuevo en el sistema digestivo humano, un elemento que la naturaleza no había destinado a servir de alimento al hombre: las féculas. El hecho de que los cereales sean el único componente de la dieta humana que no puede ser
comido ni digerido en estado crudo es prueba suficiente de que no estaban previstos para el consumo humano. Los cereales se convirtieron en la primera «comida preparada» del mundo.
Todas las pruebas tienden a indicar que el hombre precivilizado se abstenía de comer cereales. Al parecer, los humanos comenzaron a recolectar y luego a cultivar cereales no para comerlos, sino para alimentar a sus animales domésticos y preparar cerveza. El hombre sólo recurrió a los cereales para su sustento cuando el aumento de la población hizo que las plantas silvestres y los animales resultaran insuficientes para alimentar a la especie.
Los cereales han constituido la base de la dieta humana desde hace sólo 6.000 o 7.000 años, y por eso los sabios taoístas de la antigua China los consideraban como una adición relativamente reciente a la dieta humana, con efectos perjudiciales para la salud y la longevidad. En la antigua literatura taoísta sobre salud y longevidad aparece una y otra vez la expresión bi gu («evitar los cereales»). Esto coincide plenamente con los descubrimientos de estudiosos contemporáneos de la nutrición tan destacados como Arnold Ehret, el Dr. Herbert Sheldon, el Marsh Morrison, el Dr. Norman Walker y V. E. Irons, cuyas teorías examinaremos luego más detenidamente. El hecho de que durante los últimos milenios la dieta tradicional china se haya basado en los cereales en un 80 o 90 por ciento refleja únicamente las exigencias de la superpoblación. Los taoístas que «evitan los cereales» disfrutan de vidas más largas y saludables que el pueblo en general, pero al menos la dieta tradicional china combina los cereales mucho más armoniosamente que las dietas occidentales modernas.
A causa de la degeneración dietética provocada por la civilización la dieta humana actual -sobre todo en el mundo occidental- se com. pone principalmente de alimentos refinados, desnaturalizados y excesivamente cocidos, indiscriminadamente combinados entre sí. Algunas de las consecuencias que ha de padecer la gente por haber eliminado los alimentos fibrosos de su dieta y dedicarse en cambio a las proteínas animales concentradas y a las féculas refinadas las describe a continuación el Dr. Robert Jackson:
La eliminación de esta sustancia de desecho (la fibra) elimina también de nuestros alimentos el estímulo natural para la actividad muscular de la pared intestinal... Esto conlleva una disminución en la velocidad del flujo intestinal. La menor velocidad del flujo intestinal conlleva a su vez la descomposición de las proteínas y una fermentación muy superior a la que correspondería normalmente para los hidratos de carbono; la primera tiene como consecuencia la producción de toxinas muy activas, y la segunda, de sustancias irritantes para la pared intestinal... Así se crea un círculo vicioso, que conduce a un estado de intoxicación crónica del cuerpo desde el aparato digestivo, pues la menor velocidad con que circulan los alimentos en el organismo no sólo provoca fermentación y descomposición, sino que también deja más tiempo para que la sangre absorba las toxinas así producidas.
Hace cosa de diez años se realizó un interesante estudio para comparar la actividad intestinal cotidiana de los naturales de la India y de los Estados Unidos. Los resultados dejaron atónitos a los investigada res: aunque el norteamericano medio consumía a diario más del triple de calorías que el indio medio, este último producía cada día heces fecales que pesaban más del doble que el promedio norteamericano. 1.a dieta de la India, basada principalmente en verduras y cereales integrales, proporciona una elevada cantidad de masa fibrosa que empuja los desechos por el canal intestinal, mientras que la típica dieta norteamericana, rica en calorías procesadas y pobre en fibra natural, avanza por el canal digestivo con tanta lentitud que gran parte de la comida se descompone y fermenta en vez de ser digerida, y los resultantes desechos tóxicos se retienen durante días en incluso semanas, conduciendo a un estado de toxemia crónica (una forma de autointoxicación de la sangre causada por la constante presencia de toxinas en el estómago, colon, hígado y otros órganos). Tal estado es el responsable de numerosas enfermedades que rara vez se dan en las sociedades primitivas, tales como artritis, estreñimiento, gastritis, fatiga, infertilidad, impotencia y falta de defensas contra las enfermedades
infecciosas.
V. E. Irons, especialista del colon y muy experimentado en ayunos, describe el moderno desastre dietético norteamericano en los siguientes términos:
En muchos casos, los alimentos permanecen en el interior del cuerpo durante meses e incluso años.
Estos alimentos se pudren y descomponen, y se incrustan en los pliegues y rendijas del colon... En la mayoría de la gente, el colon, en lugar de ser un sistema de alcantarillado rápido y eficaz, se ha convertido en un pozo negro estancado.

Recuerden:
“La primera riqueza es la salud”. (Ralph Waldo Emerson)
“La mejor medicina es un ánimo gozoso”. (Salomón)
“Que tu alimento sea tu única medicina”. (Hipócrates)
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miércoles, 26 de noviembre de 2008

.: TROFOLOGÍA: LA CIENCIA DE COMBINAR LOS ALIMENTOS

LA DIETA Y LA NUTRICIÓN

.: TROFOLOGÍA: LA CIENCIA DE COMBINAR LOS ALIMENTOS

En comparación con el concepto taoísta de equilibrio, la idea occidental de una «dieta equilibrada» resulta simplista y superficial. Los médicos occidentales recomiendan a todo el mundo que «tome un poco de todo en cada comida», mezclando elementos tan dispares como la carne, la leche, féculas, grasas y azúcar. Un consumo de comida tan indiscriminado no es muy distinto a llenar el depósito de un automóvil con una combinación de gasolina, gasoil, alcohol y azúcar. Una mezcla así no podrá arder eficazmente, proporcionará poca potencia y no tardará en atascar el motor a tal punto que le será imposible seguir funcionando. La recomendación que aparece citada al comienzo de este capítulo, extraída de un libro ofrecido al emperador que fundó la dinastía Ming con ocasión del centésimo aniversario del autor, refleja claramente el hecho de que los antiguos chinos eran muy conscientes de la importancia de una correcta combinación de los alimentos. Esta sabiduría también la poseyó en otro tiempo Occidente, como lo demuestra la estricta norma mosaica de que nunca se debe consumir carne y leche en la misma comida.
En nuestro idioma, el Yin/Yang de la dieta se conoce como «trofología», una palabra que probablemente ni usted ni su médico han oído hasta ahora. La enseñanza de la medicina en Occidente, sobre todo en los Estados Unidos, deja mucho que desear en cuestión de nutrición, si bien actualmente existen en América y en Europa unos cuantos científicos nutricionales que, a pesar del desdén de sus colegas de la clase médica, están realizando grandes adelantos en la ciencia de la trofología.
El equivalente científico occidental del equilibrio Yin/yang en las combinaciones de alimentos es algo que todos aprendimos en la escuela en las clases de química elemental: el equilibrio ácido/básico, o «pH».
Todos sabemos que, si añadimos una medida de ácido a una medida igual de álcali, la solución química resultante es tan neutra como el agua corriente. De ahí la idea de tomar bicarbonato (una sustancia muy alcalina) para aliviar la «acidez» de estómago.
Está científicamente comprobado por la medicina occidental que para iniciar la buena digestión de cualquier proteína animal concentrada, el estómago debe secretar pepsina. Pero también está demostrado que la pepsina sólo puede actuar en un medio sumamente ácido, que debe mantenerse durante varias horas hasta la completa digestión de las proteínas. Otro hecho igualmente comprobado por la ciencia es que, cuando masticamos un pedazo de pan, de patata o de cualquier otro hidrato de carbono/fécula, las glándulas salivales segregan de inmediato ptialina y otros jugos alcalinos. Después de tragada, la fécula alcalinizada necesita hallar en el estómago un medio alcalino para acabar de ser digerida por completo.
Todo el mundo puede comprender lo que ocurre, pues, cuando se ingieren simultáneamente féculas y proteínas. El estómago, en respuesta a la presencia de las proteínas y las féculas, segrega al mismo tiempo jugos ácidos y alcalinos que se neutralizan entre sí y dejan una solución acuosa incapaz de digerir correctamente ni una cosa ni otra. Lo que sucede a continuación es que las proteínas se pudren y las féculas fermentan, debido a la constante presencia de bacterias en el canal digestivo.
La putrefacción y la fermentación son las causas principales de todo tipo de problemas digestivos, como gases, ardor, hinchazón, estreñimiento, heces fétidas, hemorroides sangrantes, colitis y demás. Muchas de las llamadas «alergias» son también consecuencia directa de la mala combinación de los alimentos:
La corriente sanguínea absorbe toxinas de la masa fermentada y putrefacta que llena los intestinos, y estas toxinas a su vez provocan erupciones, urticaria, dolores de cabeza, náuseas y otros de los síntomas que habitualmente se catalogan como «alergias». Los mismos alimentos capaces de desencadenar una reacción alérgica cuando están incorrectamente combinados muchas veces no producen ningún efecto nocivo cuando se consumen de acuerdo con las leyes de la trofología. La cuestión se reduce a lo siguiente: cuando inmoviliza su estómago y perturba sus funciones digestivas con el consumo de alimentos indiscriminadamente combinados, las bacterias del canal digestivo se dan una fiesta. Aprovechan todos los nutrientes y se multiplican, mientras usted se queda con los desechos y padece.
Según un reciente estudio llevado a cano en los Estados Unidos, el varón norteamericano medio de hoy lleva en sus intestinos más de dos kilos de carne roja en putrefacción y sin digerir. Deje un par de kilos de carne en un lugar húmedo, caliente y oscuro durante unos cuantos días c compruebe luego usted mismo los resultados de la putrefacción. El estado gravemente séptico del tracto intestinal humano constituye un caso único en la naturaleza, y aun así los médicos occidentales lo toman como normal e incluso insisten en que resulta inofensivo para el resto del organismo.
La realidad es otra. A fin de protegerse de la irritación tóxica crónica causada por las comidas mal combinadas, el colon segrega grandes cantidades de mucosidad para envolver las partículas tóxicas antes de que dañen su sensible mucosa. Cuando esto sucede en todas las comidas, todos los días, todas las semanas del año -como es lo habitual en las modernas dietas occidentales- el colon termina segregando un flujo constante de moco, que se acumula y se incrusta en los pliegues del colon. Esto produce una reducción de la luz del colon y un constante filtrado de toxinas al torrente sanguíneo, por ósmosis. Cuando la incrustación de mucosidades tóxicas en el colon alcanza una presión crítica, produce una bolsa que se hincha como un globo hacia el exterior, provocando lo que se llama una diverticulosis.
La colitis y el cáncer son las siguientes etapas de deterioro del colon debido a estas condiciones.
Tras haber establecido una correspondencia entre el Tao de la alimentación y la terminología científica occidental, pasemos ahora a examinar con detalle el aspecto práctico de la trofología mediante algunos ejemplos concretos de combinación de alimentos.
Las combinaciones enumeradas a continuación incluyen la mayor parte de los «CRÍMENES CULINARIOS» contra la ley de la naturaleza que se cometen a diario en todo el mundo. Esta lista se basa fundamentalmente en los trabajos del Dr. Herbert M. Shelton, uno de los más distinguidos terapeutas nutricionales de los Estados Unidos y autor de la «Biblia» de las combinaciones culinarias correctas, Food Combining Made Easy:

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“La primera riqueza es la salud”. (Ralph Waldo Emerson)
“La mejor medicina es un ánimo gozoso”. (Salomón)
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• PROTEÍNA Y FÉCULA:

• PROTEÍNA Y FÉCULA:

Es la peor combinación de alimentos que se puede dar en una misma comida, y aun así constituye el plato fuerte de las modernas dietas occidentales: carne con puré, hamburguesa con patatas fritas, huevos con pan, etc. Cuando se consume una proteína y una fécula al mismo tiempo, la enzima alcalina ptialina se mezcla con la comida al mascarla en la boca. Cuando la comida masticada llega al estómago, prosigue la digestión de la fécula con otras enzimas alcalinas, lo cual impide que la proteína sea digerida por la pepsina y otros jugos ácidos. Esto permite que las bacterias siempre presentes en el estómago ataquen la proteína, con lo que se desencadena la putrefacción. Los nutrientes de la comida proteínica se vuelven casi inaprovechables para usted y producen desechos tóxicos y gases fétidos, en los que se encuentran venenos como el indol, el escatol, el fenol, el sulfuro de hidrógeno, el ácido fenilpropiónico y otros.
En tal caso, cabe preguntarse, ¿cómo es que el estómago no tiene ningún problema para digerir aquellos alimentos que por naturaleza contienen proteína y almidón, como los cereales integrales?
Como señala el Dr. Shelton, «existe una gran diferencia entre la digestión de un alimento, por compleja que sea su composición, y la digestión de una mezcla de alimentos distintos. Ante un alimento simple que contenga una combinación de proteína y fécula, el cuerpo puede regular fácilmente sus secreciones, tanto en potencia como en sincronización, a las exigencias digestivas del alimento. Pero cuando se consumen dos alimentos con exigencias digestivas distintas, incluso contradictorias, esta precisa regulación de las secreciones resulta imposible».

NORMA:
Consuma las proteínas concentradas, como carne, pescado, huevos o queso, separadamente de las féculas concentradas como el pan, las patatas y el arroz. Por ejemplo, coma tostada o huevos para desayunar, la hamburguesa o el panecillo para almorzar, carne o patatas para cenar.

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“La primera riqueza es la salud”. (Ralph Waldo Emerson)
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• PROTEÍNA Y PROTEÍNA:

• PROTEÍNA Y PROTEÍNA:

Las proteínas distintas presentan distintas exigencias digestivas. Por ejemplo, la mayor acción enzimática sobre la leche se produce durante la última hora de la digestión, mientras que en la carne se produce durante la primera hora y en los huevos hacia la mitad de la digestión.
Resulta instructivo recordar la antigua ley dietética que Moisés impuso a su pueblo, prohibiendo el consumo simultáneo de leche y carne.
Dos carnes parecidas, como el buey y el cordero, o dos clases de pescado como el salmón y las gambas, no son de naturaleza lo bastante dispar como para provocar un conflicto digestivo en el estómago y pueden, por tanto, ser consumidas al mismo tiempo.

NORMA:
Consuma únicamente una clase principal de proteína en cada comida. Evite
combinaciones como carne y huevos, carne y leche, pescado y queso. Asegúrese de que asimila todos los aminoácidos imprescindibles variando el tipo de proteína concentrada que consume en cada comida.

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• FÉCULA Y ÁCIDO:

• FÉCULA Y ÁCIDO:

Cualquier alimento ácido consumido al mismo tiempo que una fécula o almidón interrumpe la secreción de ptialina, dato bioquímico en el que todos los médicos están de acuerdo.
Por lo tanto, si come usted naranjas, limones u otras frutas ácidas -o ácidos como el vinagre- junto con una fécula, no habrá ptialina en la boca para iniciar la primera fase de la digestión de la fécula.
En consecuencia, la fécula llega al estómago sin los jugos alcalinos imprescindibles para una correcta digestión, y se produce la fermentación bacteriana para inhibir por completo la digestión salival de las féculas en la boca basta con una sola cucharadita de vinagre, o su equivalente en otros ácidos.
NORMA:
Consuma ácidos y féculas en comidas separadas. Por ejemplo, si come tostada o cereales para desayunar, prescinda del zumo de naranja (igual que de los huevos). Si va a tomar una comida compuesta básicamente de féculas (arroz o cualquier clase de pasta), prescinda del vinagre y de todas las proteínas concentradas.

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• PROTEÍNA Y ÁCIDO:

• PROTEÍNA Y ÁCIDO:
Puesto que la correcta digestión de las proteínas exige un medio ácido, sería lógico suponer que los alimentos ácidos facilitan la digestión de las proteínas; sin embargo, no es éste el caso. Cuando los alimentos ácidos llegan al estómago, inhiben la secreción de ácido clorhídrico, y la pepsina (enzima que digiere las proteínas) solamente puede actuar en presencia de ácido clorhídrico, no de cualquier ácido. Por lo tanto, el zumo de naranja inhibe la correcta digestión de los huevos, y un vinagre fuerte en la ensalada inhibe la digestión del bistec.
NORMA:
Evite combinar ácidos y proteínas concentradas en la misma comida.

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