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domingo, 23 de noviembre de 2008

EL AJO

EL AJO

El ajo se ha utilizado como medicamento desde los albores de la historia china, y probablemente desde mucho antes. Algunos textos médicos egipcios que se remontan al año 1550 a. de C., citan al ajo como ingrediente principal en 22 recetas, y está comprobado que los países donde suele consumirse ajo en grandes antidades muestran una incidencia de cáncer significativamente inferior. Los textos chinos indican claramente que, para beneficiarse plenamente de sus efectos, el ajo debe consumirse crudo.
La ciencia moderna corrobora la eficacia de este antiguo remedio. Bioquímicos norteamericanos han descubierto que la «glicina», el componente activo del ajo, actúa como un potente antibiótico y fungicida.
De hecho, la glicina ha demostrado ser más eficaz que la penicilina para la eliminación de determinados agentes patógenos. Sin embargo, la glicina se encuentra únicamente en el ajo crudo recién cortado o machacado, lo que una vez más confirma la sabiduría de los antiguos médicos chinos. Cuando se corta
un diente de ajo crudo, una sustancia vegetal neutra denominada aliína se combina con una enzima denominada alinasa para producir el potente factor glicina. El olor característico del ajo crudo recién cortado se debe a esta poderosa reacción enzimática. Las píldoras, aceites y demás extractos inodoros de ajo que se venden en las tiendas de productos de régimen están completamente desprovistos de
glicina y son, por tanto, terapéuticamente inútiles.
En la antigua China, la tuberculosis se trataba eficazmente mediante cataplasmas calientes de ajo fresco aplicadas en la espalda. Los factores terapéuticos volátiles penetraban en la piel y llegaban a los pulmones, donde destruían el bacilo que causa la tuberculosis. Asimismo, el ajo es igualmente eficaz para limpiar el aparato digestivo de lombrices y demás parásitos, para prevenir gripes y resfriados y como
tonificante de la libido. El consumo diario habitual de ajo fresco crudo proporciona una completa protección contra innumerables enfermedades contagiosas y parásitos.

Recuerden:
“La primera riqueza es la salud”. (Ralph Waldo Emerson)
“La mejor medicina es un ánimo gozoso”. (Salomón)
“Que tu alimento sea tu única medicina”. (Hipócrates)
“Lo más importante de la curación consiste en querer ser curado”. (Séneca)“La libertad y la salud se asemejan: su verdadero valor se conoce cuando nos faltan”. (Henri Becque)
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